En la Francia del siglo XIV la Angélica se usaba contra la peste. Formó parte de la Tríaca Magna que era un contraveneno.

Se dice que lo descubrió Andrómaco de Creta médico de Nerón.

En su composición entraban más de 75 ingredientes y hasta hace poco estaba entre los recetarios de médicos de toda Europa.
En el libro Pharmacopeia matritensis https://www.iberlibro.com/Pharmacopoeia-Matritensis-Collegium-Pharmaceuticum-Matritense-autor/1530149004/bd figura la receta que preparaban los farmacéuticos de Madrid en sus boticas.

 

Cuenta la tradición que San Pedro de Alcántara recomendó esta planta para curar una epidemia. La leyenda cuenta que en una visión en el arcángel San Gabriel, según creencia popular la planta es un regalo de él, declaraba que la peste podía combatirse por medio de la angélica.
A la Angélica también se le llamaba hierba del Espíritu Santo, por su cualidad de proteger del mal de ojo.

Se utiliza en todos los inciensos de protección y exorcismo. Esparce la angélica por las cuatro esquinas de la casa para ahuyentar el mal, o bien por todo el perímetro de la casa.
Añadida al baño, la angélica elimina cualquier maldición, embrujo o hechizo que se haya podido lanzar contra ti.

Para algunas tribus indias de América, la raíz se lleva en el bolsillo como talismán de juego.

La angélica también se usa en inciensos curativos y mezclas y se dice que fumar sus hojas produce visiones.

En la Francia del siglo XIV la Angélica se usaba contra la peste. Formó parte de la Tríaca Magna que era un contraveneno.

La palabra Angélica proviene del griego anggelikos y aggelos que significa mensajero – ángel. Según las leyendas, las virtudes curativas de la planta fueron mostradas a los hombres por un ángel.

Arcangélica (archangélique) proviene del griego archanggelos que es el superlativo de angélica para subrayar aún más las virtudes curativas de las plantas.

La leyenda cuenta que fue el arcángel Rafael (La estrella Régulo en la leyenda estelar occidental) quien enseñó a un campesino el poder curativo de la planta. Sin embargo, se dice que los mendigos de la Corte de los Milagros utilizaban su jugo irritante para provocarse úlceras e inspirar así más piedad.

También fue utilizada en la antigüedad para disipar delirios y protegerse contra la peste.

En el siglo XIV Matthaeus Sylvaticus habla de la angélica por primera vez. Tabemae Montanus escribe en 1588

“La angélica, con sus virtudes y sus cualidades maravillosas, es una planta y una raíz curativa que parece que haya sido entregada al ser humano por el Espíritu Santo o por los ángeles buenos”.

Recomendaba su utilización contra el “aire apestado y pestilente” de los hospitales.
Tabemae también describía la angélica como la “raíz contra el envenenamiento” remedio que utilizaba en caso de beber o ingerir veneno.


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