Antiguamente el ajo de cualquier especie era considerado como planta mágica a causa de su intenso olor.

Todavía hoy, en Somalia, son tenidas en gran consideración las plantas que huelen a ajo porque se cree que tienen el poder de mantener alejados los espíritus malignos. Asimismo, algunos pueblos eslavos creen que el olor de ajo cura las enfermedades.

El ajo era ya conocido hace al menos tres mil años

Los romanos lo comían, Los griegos, por el contrario, lo aborrecían por su olor acre, que lo consideraban maléfico.

El ajo ha sido siempre muy popular en la medicina natural desde tiempos antiguos. El griego Dioscórides decía, refiriéndose a los ajos de Egipto, que comido expele las lombrices, y es útil contra las mordeduras de serpiente.

Paracelso tiene una receta para curar la rabia:

Da de comer al atacado tanta cantidad de ajos como pueda soportar, sometiéndole después a un baño de vapor, de modo que al sudor ayude a los vapores de ajo a eliminar la hidrofobia.

En la Edad Media

Se utilizaba contra todo maleficio y para preservar del mal de ojo, se cogía siete ajos a la hora de Saturno, se ensartaban en cuerda de cáñamo y se colgaban del cuello durante siete sábados seguidos.

En Centroeuropa

Por tradición, se ha usado contra los vampiros. En el libro Apuntes sobre el mal de ojo en Galicia, se comenta ” el extraño y malévolo poder de ciertas miradas humanas que no sólo recaen sobre las personas, sino también sobre las bestias y aún los objetos, y con tal energía, según dicen, que basta que se fijen en un espejo para que se rompa en mil radios y pedazos”.

Se dice que esta es la planta mágica que Hermes le mostró a Odiseo para preservarlo de los encantamientos de la maga Circe.

En el papiro mágico egipcio conservado en el museo de Berlín

Aparece la siguiente fórmula mágica que debe realizar la madre para alejar a la muerte que ronda a un niño enfermo: “¡Yo he hecho para él una protección mágica contra ti, empleando el ajo, que tanto mal te hace, empleando la miel, dulce para los hombres más tan amarga para los difuntos!”, una tradición muy parecida a la de emplear ajos contra los vampiros o muertos vivientes.

Asimismo, colgar ajos en las ventanas la víspera de Todos los Santos, evita la intrusión de los espíritus de los muertos y preserva la casa de fantasmas durante todo el año.

Contra las malas vibraciones

Se han de pelar tres dientes de ajo y después marcarles una cruz con la uña del dedo pulgar; a continuación se envuelven en una servilleta de papel y se guardan en la cartera o bolso hasta que se marchiten y entonces se tiran y se sustituyen por otros.

Contra las brujerías que se han tomado bebidas, hay que picar finamente un diente de ajo, ponerlo en una cucharilla con leche y tomarlo.

Contra las maldiciones y tristezas

Herviremos cortezas u hojas de naranja con siete dientes de ajo machacados, le añadiremos tres cucharadas de sal y se hacen vaporizaciones de modo que suba el vapor, luego envolver los pies y acostarse (esta operación hay que hacerla tres días seguidos).

El ajo para la economía

Para que no falte dinero al ama de casa, hay que quemar las pieles del ajo en la cocina.

Antiguamente, las mujeres estériles conseguían tener descendencia a base de utilizar prendas interiores de lana que hubieran sido remojadas previamente en agua de rosas en la cual se había hervido un ajo.

Si vamos de excursión y tenemos que acampar al raso, untaremos con ajo unas piedras y las colocaremos en círculo y eso impedirá el paso de las víboras y otros animales malignos.

Para que no se metan con nosotros

Hay que meter en un saquito de tela blanca una cabeza de ajos entera, un pellizco de perejil, un poco de hierbabuena y un pellizco de incienso. Antes de cerrar la bolsita se dice “Líbrame, Señor, de mis enemigos que me quieren mal”.
Luego se cierra el saquito con un cordón blanco también y se guarda en la mesita de noche.

Si los tienes en  sueños

Soñar con ajos es una advertencia de que no todo nos saldrá tal como habíamos planeado y hay que prevenirse, pues presagia riñas.

 

En La Odisea de Homero

Nos habla de las virtudes del “ajo dorado” que Hermes proporcionó a Ulises para evitar que la cruel maga Circe convirtiera al héroe en cerdo tal y como hizo con sus compañeros.

También, en el mito del Vellocino de Oro, Medea, hija del rey de la Cólquida, untó el cuerpo de Jasón con zumo de ajos para protegerlo de los toros del monarca.

El ajo era, además, planta sagrada de la diosa de la oscuridad y de la brujería, Hécate.

En la antigüedad, en los cruces de las ciudades había estatuas triples de la diosa en las que los griegos ofrecían ajos.

En la Antigua Grecia

se prohibía la entrada al Templo de Cibeles a aquellos que habían ingerido ajo dado que, para sus devotos, el olor de este alimento en el aliento era considerado una ofensa a la diosa.

De acuerdo con el gran historiador romano Plinio el Viejo (23-79 dC), cuando los egipcios prestaban juramento, ajos y cebollas se invocaban tal y como si se trataran de deidades.

En el libro hebreo del Éxodo

El ajo aparece  donde se puede ver que el ajo constituía la dieta de los inmigrantes israelíes en Egipto. De hecho, el régimen alimentario de los esclavos egipcios consistía básicamente en cebollas y ajos.

Ya sea por su sabor o por su aroma inconfundibles, el ajo se ha considerado tanto un símbolo del bien como del mal.

Existe una leyenda turca

Donnde se narra que después de que Satanás abandonara el Jardín del Edén, crecieron un ajo y una cebolla allá dónde habían quedado estampadas sus huellas izquierda y derecha respectivamente.

 

En las antiguas civilizaciones

Como la egipcia, la babilónica, en Grecia y en Roma, el ajo tenía un carácter mágico; lo utilizaban los atletas para estar en forma y la gente normal para no envejecer.

La tradición de colocarlos sobre el dintel de la puerta, en la creencia de que trae buena suerte a la casa, también se remonta a la antigüedad.

Entre los griegos, aquellos que comían Ajos, no podían entrar en los Templos consagrados a la Diosa Cibeles.

Virgilio habla del Ajo, como útil a los Segadores para aumentar o reparar sus fuerzas debilitadas, mientras que otro Poeta lo recomienda a los mismos para evitar que fueren dañados por las Serpientes. Galeno le llama la Triaca de los Labradores. Raspail, el Alcanfor del Pobre, y Plinio lo mira, desde luego, como útil a la salud.

La Biblia cita esta Planta con frecuencia como predilecta de los Judíos, quienes sintieron nostalgia por ella al llegar a la Tierra Prometida.

Alfonso de Castilla

Fundó en 1368 una Orden que obligaba a los Caballeros afiliados a comer Ajos una vez al mes, y eran expulsados de la Orden aquellos que no cumplían este requisito. En los Estados Unidos hay una secta que adora a esta Planta con carácter religioso, y asegura que la Redención de la Humanidad no puede venir sin el consumo de Ajos…

Para librarse del servicio militar

Cuando en España, hace años, tenían los Reclutas que presentarse al reconocimiento de quintas, eran rechazados muchos de ellos por encontrarlos con fiebre o aumento de temperatura, ante el temor de tener un Tuberculoso delante.

Esto duró algún tiempo, hasta que se descubrió que las fiebres se las producían los Reclutas poniéndose un Ajo en el ano.

 

El tratamiento de Ajo

Consiste en tomarlo en ayunas, a mediodía y por la noche, bien con leche, con pan, molidos, cocidos y aun en todas formas con tal de saturarse bien.

A veces, en casos difíciles, convendría ayunar unos días y no comer más que Ajos.

La curación generalmente es segura.

Con ajos se expulsa la Lombriz Solitaria y se evita el tifus. Personas que cada mes se deciden a comer un día bastantes Ajos, limpian perfectamente el intestino ayudando a mejorar la flora intestinal.

Nosotros nos hemos ocupado en estudiar años enteros los efectos de esta planta, y vemos que merece por su importancia un libro aparte que es necesario escribirlo un día. Por ahora sólo nos limitaremos a recomendarla en gran manera y a llamar la atención sobre la esencia de incalculable valor que los Rosa Cruces preparan.

Originario de las estepas de Asia Central

El ajo es una planta cultivada desde hace miles de años y utilizada como medicamento por los médicos de la antigua India. Igual que la cebolla (Allium cepa), el ajo emigró hacia Egipto pasando por Asia Menor.

Los egipcios usaban como amuleto

Empezaron a cultivar estas dos plantas de forma sistemática, lo que causó que se atenuara su fuerte sabor picante, para utilizarlos y apreciarlos como alimento común. Sin el rábano, la cebolla y el ajo, no se hubiesen podido construir las pirámides de Gizeh.

El consumo del ajo fue solamente prohibido a los sacerdotes, ya que era considerado sagrado, divino y también afrodisíaco. Avanzando hacia el oeste y el norte el ajo fue utilizado por griegos, romanos, galos y germanos como alimento, especia y como remedio.

Plutarco, al hablar de Isis y Osiris

Menciona que los Sacerdotes comían con cierta repugnancia el Ajo, pero estaban obligados a ello porque les servía de purificador y por lo tanto era Planta Sagrada… En los Ritos Egipcios ponían el Ajo en relación con el semen y decían que sólo estaba dedicado a los que querían engendrar, mas no a aquellos que observaban la Castidad como un voto.

En la mitología nórdica

Se menciona el ajo como remedio para ahuyentar los demonios. Loniceruslo calificaba como “thériaque des paysans” es decir, la panacea del pueblo. Lo recomendaba en caso de “tumores del cuerpo” para ablandar las úlceras, abrirlas y extirpar.

Las afectaciones privilegiadas con el uso del ajo eran los problemas cutáneos, las infecciones, los parásitos intestinales, insuficiencia renal, catarro bronquial y el mal de vientre.

Según Lonicerus

Se tenían que plantar los dientes de ajo (que se multiplicaban por división vegetativa) y no se tenían que sembrar las semillas, ya que la planta se volvía tóxica al cabo de seis años.

Los antiguos griegos y romanos llamaban al ajo “scorodon”. La etimología de la palabra “Allium” es incierta.

Lo asemejan al latín “olere” del griego “hallensthai” que significa surgir, por su crecimiento rápido. “Sativum” significa “cultivar”. A pesar del olor intenso, el ajo es utilizado en muchos países como un elemento fundamental de la alimentación.

Cómo se originó el ajo según el hinduismo

Rajú, rey de los asuras no era un hombre feliz. Disponía de todo lo necesario: un gran palacio, la caja del tesoro llena y el cariño de sus súbditos.

Con el poder de sus armas había vencido a sus enemigos en el campo de batalla por lo que era considerado un valiente guerrero. Pero el rey no estaba contento. El conocimiento de la muerte le rondaba con frecuencia por la cabeza, y él no quería morir. Con la fija idea de la inmortalidad en sus pensamientos.

Rajú partió en busca del elixir de la vida. Tras días de marcha, llegó a un valle; en el límite este, sobresalía una larga estribación, coronada por el templo, excepcionalmente hermoso, de Visnú.

Por angostos senderos, un complicado laberinto le llevó hasta la cima. La puerta dorada del santuario estaba protegida por dos feroces leones, que saltaron sobre el rey en cuanto se apercibieron de su presencia.

El polvo negro que llevaba terminó con las fieras en un momento. No menos impresionante era por dentro el templo del dios, con columnas de mármol y estatuas de marfil. En el centro, sobre un círculo
construido con ladrillos triangulares, se encontraba el altar de oro y piedras preciosas.

Sin hacer caso de las joyas y objetos maravillosos que estaban a la vista, Rajú se acercó con sigilo, evitando las trampas, hasta la mesa del altar; y del interior del sagrario sustrajo la hornacina que contenía el elixir de la vida.

Con una carcajada triunfal, el rey levantó el frasco con el preciado líquido como señal de victoria. Una alarma se activó al sacar la botella de su sitio.

El aviso, imperceptible para oídos mortales, llegó al instante y con toda claridad a Visnú, el protector, señor del santuario. El dios de cuatro brazos dejó su meditación y llamó con urgencia a Garuda, el hombre pájaro, su medio de transporte.

Con su veloz montura rápidamente llegó a las puertas del templo. Rajú reía de felicidad tras beber el contenido de la botella. Lanzándole el frasco a Visnú se abalanzó hacia él. Con su mano superior izquierda, el protector le arrojó un disco que cortó la cabeza del rey; que cayó al suelo y rodó hasta los pies del dios, dejando un buen reguero de sangre.

De un puntapié, la tiró fuera del santuario, donde continuaba sangrando. Dicen que esta sangre, mezclada con el elixir de la vida, se solidificó al contacto con la tierra, brotando del suelo una planta, olorosa y picante al gusto, que tenía el poder de alejar a los demonios y a la que llamaron ajo.

En sectas y religiones

También en varias sectas y denominaciones del Cristianismo, del Islamismo, del Budismo Zen o del Hinduismo, el ajo se ha calificado como alimento impuro. En cambio, en otras culturas y religiones, el ajo ha sido considerado elemento protector contra vampiros, diablos y otros seres malignaos.

De hecho, lashuna (ajo en sánscrito o antiguo indoario) significa “asesino de monstruos”.

Es curiosa la leyenda sánscrita

Que narra como el ajo se originó a partir de la sangre del rey Rahu, quien había robado el elixir de la vida a Visnú, el dios hindú preservador del Universo. Como castigo, Visnú cortó la cabeza del rey y, de la sangre derramada, brotó el ajo. Las propiedades antidemoníacas del ajo se han extendido desde la China hasta los Balcanes a lo largo de la historia.

Hoy la Ciencia

Conoce que la fiebre no es más que un proceso curativo provocado por las fuerzas del organismo, contra la invasión de una enfermedad, y los Naturistas despiertan esas crisis curativas mediante los baños de Kuhne para lograr tales efectos. Pero si conocieran las propiedades del Ajo, obtendrían de manera más sencilla el mismo proceso.

Los Antiguos, que no sabían de microbios, creyeron siempre que la enfermedad era el producto de Espíritus Malignos, y con ciertos olores trataban de ahuyentarlos. Uno de los que consideraban más poderosos, era el Ajo.

Estudios modernísimos han comprobado que en todo esto existía una gran parte de verdad, por cuanto muchos microbios se mueren al solo contacto con el olor a Ajos.

Estando nosotros en el Laboratorio del famoso Sifilógrafo Dr. Wassermann, autor de la célebre reacción, observamos con excelentes microscopios, el maldito espiroqueto pálido de esta enfermedad, que puesto en reacción con varios productos, para nada se resentía… Sin embargo, en contacto con el Ajo, las bacterias morían todas.

Hay que tener en cuenta que la Sífilis

Era una de las enfermedades que ya preocupó a los Gobernantes y Sacerdotes de los pueblos antiguos, cuyos efectos temían verdaderamente y a cuya curación atendían utilizando esta Planta.

Esto mismo lo hemos encontrado en muchos Manuscritos antiguos y, sobre todo, entre los Mexicanos de remotas edades, quienes curaban sus enfermedades con Ajos y baños de Sol.

Nosotros hemos hecho ya las comprobaciones necesarias, y sería muy conveniente que nuestros lectores propagaran este medio de curación para que retornara la tranquilidad a muchos desgraciados.

Nuestras curaciones ascienden a miles de casos cuya reacción, durante años, ha sido siempre negativa. Luego, estos individuos han tenido hijos que consiguieron engendrar perfectamente sanos.


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